Tal y como comparten desde la publicación especializada Medpage Today, tras compararse los hijos de madres de entre 25 y 29 años (en el momento del parto) con los niños y niñas nacidos de madres de 35 y 39 años o 40 o más, la alergia alimentaria antes del primer año de edad fue de un 21% y un 41% menos probable, respectivamente.
El estudio, realizado por Kiwako Yamamoto-Hanada, MD, PhD, del Centro Nacional para la Salud y el Desarrollo Infantil de Japón en Tokio, y su equipo, establece, además, que los niños y niñas nacidos de madres más longevas tienen menos probabilidades de experimentar sibilancias, eccema y sensibilidad a los ácaros del polvo doméstico antes de los cuatro años.
Newsweek aporta más datos. Según esta investigación, al año de edad de los pequeños, cerca de un 6,6% de estos fueron diagnosticados con una alergia alimentaria. Una cifra que bajó considerablemente entre los niños y niñas hijos de madres de más de 35 años.
Es más, casi el 7,3 % de los niños nacidos de madres de 25 a 29 años contaba con un diagnóstico de alergia alimentaria positivo. Por su parte, el 6,1% de los nacidos de madres de 35 a 39 años, y solo el 4,3% de aquellos cuyas madres tenían 40 años o más, contaban con el mismo diagnóstico.

“Nuestra hipótesis inicial era que el envejecimiento podría contribuir a cambios epigenéticos relacionados con las enfermedades alérgicas en los niños y niñas”, señalan desde Medpage Today los responsables del estudio. Pero esto no explica la relación entre una mayor edad de las madres con una menor incidencia de las alergias alimentarias.
“Comprender la influencia de la edad parental en el riesgo de enfermedades alérgicas puede orientar estrategias de prevención específicas y políticas de salud pública destinadas a reducir la carga de las alergias pediátricas”, asegura Yamamoto-Hanada y su equipo en dicha publicación.
Esto se refiere a que, quizá, la explicación de esta coincidencia pase porque los padres y madres de mayor edad cuenten con una mayor estabilidad económica, educación en salud y controles ambientales lo que se traduciría en una conciencia diagnóstica mayor o una mejor búsqueda de la atención médica.
Porque si algo está realmente claro según las conclusiones de este estudio, es que no existen evidencias de que una mayor edad materna sea una especie de protectora de los niños y niñas en cuanto a las alergias.
Tampoco, establecen desde dicho estudio a través de Newsweek, se invalidan los riesgos conocidos por todos asociados a embarazos tardíos, como es el caso de mayores tasas de anomalías cromosómicas o complicaciones del embarazo.
¿Y fuera de Japón?
Además, el equipo de Yamamoto-Hanada asegura que este estudio se centró en 34.942 niños y niñas de Japón, por lo que podrían darse otras conclusiones si se estudiasen a hijos e hijas de otros lugares del mundo.
Las enfermedades alérgicas, explican, están determinadas por otros aspectos diferentes a la combinación de la genética, como lo es el entorno del niño o el estilo de vida.
Los antecedentes familiares de alergias, por ejemplo, también influyen a la hora de que un niño o niña cuente con un diagnóstico positivo en este sentido.
Así como la exposición al humo o a las mascotas, los ingresos del hogar, ir a la guardería o el nivel educativo de los padres que, en este análisis, también se tuvieron en cuenta para sacar conclusiones más acertadas.




