domingo, agosto 16, 2026

Expresar emociones y ordenar lo vivido: ventajas de que un niño escriba un diario

El verano es la época del año en la que un niño se distrae, juega, disfruta en familia y con sus amigos y se mentaliza para vivir aventuras y experiencias nuevas durante las vacaciones.

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Los padres también se preparan y planean la época estival para acompañar a sus hijos en muchas de esas hazañas. El verano posee un toque mágico, un don que desacelera el ritmo cotidiano y abre más espacios para la conexión con uno mismo y con los demás. Y qué mejor manera de registrar todo, lo bueno y lo malo, que en un diario de verano.

La revisión científica analiza cómo las experiencias y recuerdos de la infancia, felices y negativos, influyen en la conducta adulta. Una de las investigaciones sobre este tema, publicada en octubre de 2024 en el National Library of Medicine (NIH), llamada El efecto de los recuerdos infantiles de felicidad concluye que los recuerdos de infancia cálidos y seguros se asocian directamente con la capacidad de tolerar el estrés emocional en el futuro.

“Expresar emociones en un diario ayuda a los niños a desarrollar la inteligencia emocional, reconocer lo que sienten, entender por qué lo sienten y aprender qué pueden hacer con ello. Además, la escritura tiene la potencialidad de ser una herramienta para la autorregulación”, asegura el psicólogo Tomás Martínez, director del Centro de Psicología Inharentia. De esta forma, este informe analiza que lo que un niño vive, procesa y recuerda sobre sí mismo influye en cómo podrá manejar sus emociones en el futuro y le ayuda también a descubrir qué es lo que le interesa o le gusta hacer.

“Los niños que escriben sobre lo que les ocurre también mejoran la memoria autobiográfica, la capacidad de reflexión y la construcción de su propia identidad. El diario les permite registrar no solo problemas, sino también logros, momentos felices, descubrimientos, amistades o deseos. Es una forma de decir: ‘Esto que me pasa importa”, dice Martínez.

Diario de verano como balance del curso escolar

El diario puede ser un espacio privado donde los niños expresen lo que sienten y den sentido a lo que viven.

Las vacaciones están repletas de experiencias con diferentes giros emocionales. “Alegrías, sorpresas, preocupaciones, también conflictos y miedos, así que escribir todo ello en un diario tiene múltiples beneficios, y no solo se limitan a la infancia”, explica este especialista. “Que construyan sus propios registros les puede permitir la identificación de emociones, la forma en la cual las expresan y el procesamiento de la información o experiencias que les hayan sido relevantes y que durante el año no han tenido el tiempo de integrar debido al ritmo del mismo”, agrega. Por su parte, la psicóloga infantojuvenil, Ainhoa Uribe, precisa que el verano es un buen momento para encontrar ese espacio diario de escritura. “El hecho de repasar mentalmente situaciones y escribir sobre ellas les ayuda a que no se queden en la cabeza y les provoque sobrepensar”, dice la experta.

Algunos de los beneficios de escribir un diario son la mejora de la redacción, la ampliación de vocabulario o el despliegue de la creatividad, entre otros. “En estos casos, conviene presentar el diario como un espacio personal y flexible para la escritura creativa, como inventar historias, dibujar, hacer listas o contar algo divertido sobre lo que has vivido”, dice Martínez. Sin embargo, uno de los fines más poderosos de escribir en un diario es su efecto sanador, porque pueden describir no solo hechos que les suceden, sino cómo les hacen sentir. “Desarrollar con continuidad un diario les ayuda a mejorar la atención, la paciencia, la capacidad de observar el mundo que les rodea y sus propios estados emocionales”, añade.

Para este experto es relevante poner especial atención en la parte de la emoción. “En muchos casos, por diversas causas, los niños pueden no saber o tener dificultades para explicar qué les pasa, recurriendo a la no identificación en frases como: ‘Me encuentro mal y no sé por qué’, y el hecho de identificar lo que sienten, ponerle nombre y expresarlo tiene un efecto de regulación emocional que hace que esa emoción etiquetada sea más manejable y genere mejoras significativas para su bienestar”, fundamenta Martínez. Al final, este poder de regulación emocional se establece como uno de los fines más poderosos del diario: el terapéutico. “Es una manera de que los niños cuiden su salud mental”, resume Uribe.

Registro de recuerdos y experiencias íntimas emocionantes

La escritura durante la infancia contribuye al desarrollo emocional y a la construcción de recuerdos autobiográficos.

Escribir lo que se siente es, tanto para un niño como para un adulto, un recurso único y muy valioso para construir una narrativa interna coherente y estable. Una forma de ordenar las experiencias de vida y darles valor y sentido. “Escribir en un diario ayuda a ordenar las ideas, identificar disparadores, es decir, situaciones que les provocan malestar; les ayuda a desahogar determinadas emociones que han podido quedar contenidas y sirve como catarsis, por lo que los padres pueden plantear esto como una tarea de verano, al igual que les pedimos que practiquen deporte o que coman sano”, dice Uribe.

Eso sí, sin que sea una obligación o algo que después hayan de supervisar los padres, ya que, sobre todo, se trata de una tarea privada. “Los padres solo deberían leerlo en casos en los que se tema por la integridad del niño o si tenemos sospechas de que está teniendo sentimientos muy negativos o sufriendo por alguna situación. Ahí, el primer paso sería pedirle al niño que lo comparta con nosotros o pedirle permiso para saber si nos dejaría leerlo”, añade la psicóloga. “Si se niega, solo debería hacerse en caso de emergencia porque lleve a una conversación más profunda sobre sexualidad, abuso o acoso”, prosigue. Para Uribe, habrá que justificar cuál ha sido el motivo que les ha llevado a leer su diario sin permiso: “Y esa ruptura de la confianza y de su intimidad solo se justifica si hay realmente indicadores de peligro”.

“Si el niño decide compartirlo, los adultos pueden leerlo con respeto, sin corregir la ortografía, sin reírse, bromear, juzgar ni interrogar. Lo importante es agradecer la confianza: “Gracias por enseñármelo”, “Entiendo que eso te preocupa” o “Me alegra saber cómo te sentiste” son algunas sugerencias”, expone Martínez. Porque, en realidad, la privacidad forma parte del desarrollo psicológico del niño, explica: “Tener un lugar donde poder expresar pensamientos sin miedo a ser juzgado favorece la autonomía, la confianza y la sensación de seguridad interna”.

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