La reciente reinauguración del Estadio Azteca, ahora bajo el nombre de Banorte CDMX, ha generado una ola de reacciones entre asistentes y analistas deportivos, aunque existe reconocimiento sobre el avance en la modernización del recinto, diversas opiniones coinciden en que persisten fallas importantes que afectan la experiencia del público y que requieren atención inmediata.
Entre las principales críticas destacan los problemas en la organización del acceso, aficionados reportaron dificultades desde su llegada, con filas desordenadas y escasa información para orientar a los asistentes, la falta de señalización clara complicó el ingreso, lo que provocó retrasos y confusión, especialistas señalaron que este tipo de eventos exige protocolos más eficientes, ya que la magnitud del estadio demanda una logística precisa que garantice fluidez y seguridad.

La situación de seguridad también encendió alertas, al término de los eventos, varios asistentes enfrentaron condiciones poco favorables en los alrededores del inmueble; uno de los aspectos más preocupantes fue la falta de iluminación en los estacionamientos, la oscuridad en estas zonas generó un ambiente de incertidumbre, especialmente en un contexto donde la seguridad pública constituye una preocupación constante, a pesar de la presencia policial, los asistentes percibieron vulnerabilidad al desplazarse hacia sus vehículos.
Las vialidades no ayudaron
Los problemas se extendieron más allá de los accesos inmediatos, en vialidades cercanas, particularmente en zonas próximas al Periférico, se registraron incidentes que afectaron a automovilistas, testimonios señalaron que algunas personas lanzaron objetos como huevos y pintura a vehículos en movimiento, este tipo de conductas no solo deteriora la experiencia del evento, también representa un riesgo para la integridad de quienes transitan por la zona.

A lo anterior se suma el estado del pavimento en áreas exteriores del estadio, varias zonas presentan irregularidades que dificultan el tránsito peatonal, los asistentes reportaron tropiezos y momentos de riesgo al caminar, situación que se agrava ante la falta de iluminación, la combinación de superficies dañadas y visibilidad limitada incrementa la probabilidad de accidentes, lo que refuerza la necesidad de intervenir la infraestructura urbana en los alrededores del recinto.
Existe un poco de optimismo
Pese a estas críticas, algunas voces mantienen una postura moderadamente optimista, reconocen que el estadio aún se encuentra en proceso de ajuste tras su reinauguración y consideran que las fallas detectadas pueden corregirse con rapidez si existe voluntad por parte de los organizadores y autoridades. También subrayan el valor histórico y simbólico del inmueble, el cual se prepara para albergar eventos de gran relevancia en el futuro cercano.
La reinauguración del estadio representa una oportunidad para posicionar a la Ciudad de México como un referente en la organización de espectáculos deportivos de alto nivel, sin embargo, los señalamientos actuales evidencian que el éxito no depende únicamente de la infraestructura interna, sino también de factores como la seguridad, la movilidad y la experiencia integral del público.
En este contexto, los comentarios de los asistentes funcionan como un termómetro que permite identificar áreas de mejora, la atención a estos puntos resulta clave para garantizar que el estadio cumpla con las expectativas nacionales e internacionales, el reto consiste en transformar las deficiencias detectadas en acciones concretas que eleven la calidad del servicio y consoliden al recinto como uno de los más importantes del mundo.




