sábado, septiembre 26, 2026

El negocio perfecto de “la era Ozempic”: fármacos para adelgazar, ultraprocesados para engordar

Los fármacos adelgazantes han cambiado la forma en la que hablamos de la obesidad.

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Durante décadas, esta se presentó como un fracaso personal. Pero Ozempic, Wegovy, Mounjaro y similares ayudaron a millones de personas a perder peso y cambiaron el relato. Si la obesidad se podía corregir con un medicamento, era lógico pensar que se trataba de una enfermedad. Parece un cambio bonito, pero el envés de esta afirmación tiene sus sombras. Y supone un enorme negocio.

Un editorial publicado esta semana en la revista Science alerta de los riesgos que supone entrar en “la era Ozempic”, un momento cultural en el que esta familia de medicamentos condiciona la forma en la que entendemos la alimentación. Su preocupación no es que los medicamentos no funcionen. Lo hacen. “El problema es que pueden terminar convirtiéndose en un parche sanitario individual para una enfermedad compleja con una importante vertiente social”, explica en videollamada Luc Hagenaars, investigador de políticas sanitarias de la Universidad de Ámsterdam y coautor del escrito.

“La industria farmacéutica tiende a presentar la obesidad casi como una epidemia caída del cielo que requiere tratamiento médico”, denuncia Hagenaars. Pero hay culpables concretos y no se está haciendo nada para ponerles freno. Los ultraprocesados no son comida, son preparaciones industriales comestibles que estimulan el apetito de manera artificial. Son baratos, hiperpalatables y rápidos de preparar. Un producto comercialmente perfecto y sanitariamente desastroso. Una serie de revisiones científicas publicada en la revista The Lancet el año pasado señalaba cómo están colonizando las dietas tradicionales de todo el mundo y erosionando la salud pública. Los científicos pedían a los gobiernos que pasaran a la acción. “La alimentación y la salud se deben priorizar por encima del beneficio corporativo”, alertaban.

Pero estos productos siguen aumentando su presencia en los supermercados. De 2007 a 2022, las ventas anuales per cápita de ultraprocesados aumentaron en casi un 20% (de 104 kilos a 121,6) en los países de ingresos medios-altos. No se está haciendo lo suficiente para revertir esta tendencia. Pero si una persona engorda mucho (y puede permitírselo), podrá pincharse un fármaco adelgazante para volver a un peso saludable. Para este nuevo segmento poblacional, los grandes conglomerados están creando comidas funcionales, batidos sustitutivos de comida, nutritivamente equilibrados y muy prácticos, pues no se tienen que cocinar. Es una nueva oportunidad de negocio.

“El uso de estos fármacos puede ser beneficioso para ayudar a aquellos pacientes con más dificultades para perder peso”, opina Maira Bes Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra. “Pero es muy peligroso que en una sociedad hedonista como la actual se piense que uno se puede atiborrar de ultraprocesados sin consecuencia alguna para la salud, pensando que después ya tendrá disponible un fármaco que le solucionará el problema”. Es un modelo problemático, pero es el que parece estar consolidándose.

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