lunes, abril 22, 2024

¿Hay vida en las lunas de Urano? La NASA afirma que podrían esconder un líquido vital

Este estudio explora cómo es que podrían existir ciertos elementos en los lugares más recónditos de nuestro sistema solar

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En otro impresionante descubrimiento de nuestro primer satélite artificial lanzado, los astrónomos y científicos han concluido que cuatro de las lunas más grandes de Urano podrían albergar una capa oceánica entre sus núcleos y cortezas heladas. Este nuevo análisis de datos se lo debemos a la nave espacial Voyager de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) además de a un modelo informático que estudia y explora la posibilidad de que el líquido vital de la vida pueda existir en los lugares más recónditos de nuestro propio sistema solar. 

Esta noticia ha conmocionado a los fanáticos de la rama, pues la investigación ha sido la primera en detallar la evolución de la composición interior y la estructura de los emblemáticos satélites del gigante gaseoso: Ariel, Umbriel, Titania, Oberón y Miranda.

Este análisis se logró gracias a los datos de la nave espacial Voyager de la NASA junto con un nuevo modelo informático.
Este análisis se logró gracias a los datos de la nave espacial Voyager de la NASA junto con un nuevo modelo informático.Créditos: Adobe Stock 

Ariel, Umbriel, Titania, Oberón son las lunas que podrían tener agua

Aunque los cinco satélites fueron estudiados, el trabajo sugiere que solo cuatro de las lunas contienen los océanos con decenas de kilómetros de profundidad. Y es que Urano tiene al menos 27 lunas que giran alrededor de su órbita, entre las que destacan las dos más grandes: Ariel por sus mil 160 kilómetros de ancho y Tatiana por sus mil 580 kilómetros de ancho. Esta última ha sido de las más controversiales dentro de la comunidad, puesto que con su tamaño —probablemente— retiene el calor interno causado por una descomposición radioactiva. Asimismo, debemos de destacar que —anteriormente— las otras lunas se habían considerado “demasiado pequeñas” para retener dicha temperatura. 

Con un modelo de estudio —que se preparó con antelación e información del espacio y de observaciones terrestres— los investigadores midieron cuán porosas son las superficies de las lunas de Urano y descubrieron que probablemente estén lo suficientemente aisladas como para retener el calor interno que se necesitaría para albergar un océano. Además, encontraron lo que podría ser una fuente potencial de calor en los mantos rocosos de los satélites naturales. Estos liberan líquido caliente y ayudarían a que un océano a se mantenga en la temperatura ideal, especialmente en Titania y Oberón. Aquí los océanos pueden incluso ser lo suficientemente cálido como para soportar la habitabilidad… lo que nos da la completa esperanza de “vida primitiva”.

Las lunas más impresionantes de Urano son: Ariel, Umbriel, Titania, Oberón y Miranda. FOTO: Wikipedia

¿De qué se componen estos océanos?

Al investigar la composición de los océanos, los científicos entenderán acerca de los materiales que se pueden encontrar en las superficies heladas de las lunas en cuestión. Y es que dependiendo de si las sustancias se encuentran debajo y fueron impulsadas por la actividad geológica, estaríamos hablando de un método básico para el origen de la vida. Por ejemplo, gracias a las observaciones, ahora hay evidencia de telescopios de que al menos una de las lunas, que sería Ariel, tiene material que fluyó hacia su superficie, quizás de volcanes helados, hace —relativamente— poco tiempo.

A la par, Miranda —la luna más interna y la quinta más grande—, también alberga características superficiales que parecen ser de origen reciente, lo que sugiere que pudo haber tenido suficiente calor para mantener un océano en algún momento de la historia del universo. Sin embargo, el modelo térmico reciente encontró que es poco probable que haya alojado agua por mucho tiempo, debido a que pierde calor demasiado rápido y probablemente ahora esté congelada. Pero el calor interno no sería el único factor que contribuye al océano subterráneo de una luna. 

El nuevo modelo muestra que es probable que haya una capa de océano en cuatro de las principales lunas de Urano: Ariel, Umbriel, Titania y Oberón. FOTO: NASA/JPL-Caltech

Un hallazgo clave en el estudio sugiere que los cloruros, así como el amoníaco, son probablemente abundantes en los océanos de las lunas más grandes del gigante helado. Gracias a la disciplina de la química es que sabemos —desde hace mucho tiempo— que el amoníaco actúa como anticongelante.Además, el modelo sugiere que las sales —probablemente presentes en el agua— serían otra fuente de anticongelante, manteniendo los océanos internos de los cuerpos celestes.

¿Por qué se priorizó la exploración de Urano?

Gracias a la Encuesta Decadal de Astrobiología y Ciencia Planetaria 2023 de las Academias Nacionales es que se priorizó la exploración de Urano. El procedimiento de preparación para esta misión fue arduo pero los científicos planetarios se están enfocando en el gigante de hielo para poder reforzar el conocimiento sobre su misterioso sistema. El nuevo trabajo fue publicado en el Journal of Geophysical Research y podría informar cómo un nuevo proyecto podría investigar las lunas, sin embargo conlleva una serie de implicaciones que van más allá del propio planeta, así lo detalló la autora principal Julie Castillo-Rogez, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en el sur de California.

Urano está rodeado por sus cuatro anillos principales y 10 de sus 27 lunas conocidas. FOTO: NASA/JPL/STScI

Ella explica que cuando los astrónomos encuentran evidencia de océanos en lugares poco probables como lo son este tipo de astros y sus lunas enanas, hay mecanismos en juego que no entendemos completamente. Por ejemplo, anteriormente, planetas enanos como Ceres y Plutón así como la luna Mimas de Saturno, fue donde se encontró este líquido vital, pero lo que desean con esta investigación es ver cómo podría aparecer en los lugares más recónditos de nuestro sistema a pesar de que no haya como tal un calor interno, como el que vemos en la Tierra o en los otros cuerpos celestes cercanos al Sol.

Y es que lo más impresionante de esta investigación es que el sobrevuelo que trabajó la Voyager 2 de la NASA en Urano —en la década de los 80— se construyeron modelos de computadora que juntaron los hallazgos adicionales de Galileo, Cassini, Dawn y New Horizons de la NASA. Fue en total la recopilación de observaciones que en conjunto se trabajaron desde el espacio exterior y desde la Tierra. Todos los autores descubrieron mundos oceánicos además de conocimientos clave sobre la química y la geología de la luna Encelado de Saturno, Plutón y su luna Caronte y Ceres. Cabe recalcar, que todos los cuerpos helados mencionados son del mismo tamaño que las lunas de Urano.

Urano es el séptimo planeta del sistema solar, el tercero de mayor tamaño, y el cuarto más masivo. FOTO: Pixabay

El camino recién comienza

Los científicos planetarios tienen claro que todavía quedan muchas preguntas sobre las grandes lunas de Urano qué responder. Julie Castillo-Rogez agregó que queda mucho trabajo por hacer, pues “necesitamos desarrollar nuevos modelos para diferentes suposiciones sobre el origen de las lunas en para guiar la planificación de futuras observaciones”. Excavar en lo que se encuentra debajo y en la superficie de estas lunas ayudará a los especialistas a elegir los mejores instrumentos para estudiarlas. 

Por ejemplo, determinar que el amoníaco y los cloruros pueden estar presentes significa que los espectrómetros, que detectan compuestos por su luz reflejada, necesitarán usar un rango de longitudde onda que cubra ambos tipos de compuestos. Del mismo modo, pueden usar ese conocimiento para diseñar instrumentos que puedan sondear el interior profundo en busca de líquido. 

Y es que la búsqueda de corrientes eléctricas que contribuyen al campo magnético de una luna es generalmente la mejor manera de encontrar un océano profundo, como lo hicieron los científicosde la misión Galileo en la luna Europa de Júpiter. Sin embargo, el agua fría en los océanos interiores de lunas como Ariel y Umbriel podría hacer que los océanos sean menos capaces de transportar estas corrientes eléctricas y presentaría un nuevo tipo de desafío para los especialistasque trabajan para descubrir qué hay debajo.

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