La convivencia con un perro puede convertirse en una fuente de compañía y actividad para las personas mayores de 60 años. Los paseos, juegos y cuidados cotidianos crean rutinas que pueden favorecer el movimiento y mantener una mayor interacción social.
Diversas investigaciones han estudiado la relación entre tener mascotas y el bienestar durante la vejez. Una revisión sistemática publicada en 2026 analizó 26 estudios realizados en distintos países y encontró asociaciones entre la tenencia de mascotas y aspectos como el funcionamiento físico, la actividad cognitiva y la participación en la vida cotidiana. Sin embargo, los resultados no fueron iguales en todos los estudios y los investigadores señalan que la relación depende de diferentes factores.
Compañía frente a la soledad
Uno de los posibles beneficios del vínculo con los perros está relacionado con la compañía. Para algunas personas mayores, convivir con un animal puede ayudar a mantener una rutina y disminuir la sensación de aislamiento.
La interacción cotidiana también puede favorecer el bienestar emocional. Acariciar, jugar o simplemente permanecer junto al animal son actividades que forman parte de una relación constante y pueden contribuir a reducir el estrés en determinadas circunstancias.
Además, cuidar a un perro implica establecer horarios para alimentarlo, sacarlo a pasear y atender sus necesidades. Estas responsabilidades pueden aportar estructura a la rutina diaria.
Más movimiento durante el día
Los paseos constituyen otro elemento importante. Sacar al perro a caminar puede aumentar las oportunidades de realizar actividad física y, al mismo tiempo, propiciar encuentros con otras personas.
Para los adultos mayores, mantener algún nivel de movimiento diario es importante para conservar la autonomía y la capacidad funcional. No obstante, el tipo y cantidad de actividad deben adaptarse a las condiciones físicas de cada persona.
Un vínculo que requiere responsabilidad
Aunque existen investigaciones que relacionan la convivencia con mascotas con distintos indicadores de bienestar, tener un perro no constituye por sí mismo un tratamiento médico ni garantiza beneficios para la salud.
La decisión de adoptar o convivir con un animal también implica considerar factores como el tiempo disponible, el espacio, los recursos económicos y la capacidad para atender sus necesidades.
El vínculo entre las personas mayores y los perros puede aportar compañía, actividad y una rutina cotidiana. Sus posibles beneficios dependen de las características de cada persona y de las condiciones en las que se desarrolla la convivencia.




