sábado, octubre 3, 2026

Corinna Lain, experta en la pena de muerte: “La inyección letal ha sido problemática desde el principio”

Corinna Lain, profesora de Derecho de la Universidad de Richmond y especialista en la pena capital, señala que el caso ha puesto en la palestra un método que se presenta como una muerte tranquila, pero que en realidad puede provocar un sufrimiento extremo.

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Christa Pike debía morir el miércoles, ejecutada en una prisión en Tennessee por el asesinato en 1995 de una compañera de estudios. Pero después de dos inyecciones supuestamente letales de pentobarbital, la mujer de 50 años sigue con vida en un hospital, conectada a un respirador e inconsciente, según sus abogados.

Pike fue condenada a muerte hace 30 años por el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años, en Knoxville. De haberse llevado a cabo la ejecución, Pike, que tenía 18 cuando cometió el crimen, habría sido la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de dos siglos. Las autoridades todavía no se han pronunciado sobre qué salió mal, y aseguran que siguieron el protocolo, pero el caso ha reabierto un debate sin fin sobre los métodos de ejecución y la pena de muerte en general.

Corinna Lain, profesora de Derecho de la Universidad de Richmond y especialista en la pena capital, señala que el caso ha puesto en la palestra un método que se presenta como una muerte tranquila, pero que en realidad puede provocar un sufrimiento extremo. Como parte de una extensa investigación para su libro Secrets of the Killing State: The Untold Story of Lethal Injection (Secretos del Estado que mata: la historia no contada de la inyección letal), publicado el año pasado en inglés, Lain ha documentado ejecuciones que han durado horas, personas que han intentado levantarse de la camilla y ha visto las heridas provocadas por las punciones.

Lain reflexiona sobre el caso de Pike, y explica qué preguntas siguen sin respuesta y si el Estado podría volver a intentar ejecutarla.

Pregunta. ¿Cómo encaja lo ocurrido con Pike en lo que ha encontrado durante su investigación sobre la inyección letal?

Respuesta. La inyección letal ha sido problemática desde el principio. Lo que ocurre es que ahora la gente está empezando a prestarle atención. Estas ejecuciones pueden salir mal de distintas maneras. Mi libro es el resultado de siete años estudiando la inyección letal en todo el país. Documento las distintas formas en que puede fallar.

Encontré ejecuciones que duraron una hora, dos horas, tres horas. También encontré autopsias en las que el cuerpo tenía diez, doce, catorce, dieciséis, dieciocho heridas de punción. He encontrado casos de personas que se despertaron en mitad de su ejecución e intentaron levantarse de la camilla. Gemían, hablaban, intentaban levantarse. Encontré a alguien que vomitaba repetidamente en la camilla. Los verdugos tuvieron que volver a la cámara de ejecución para limpiarle el vómito de la boca. Se estaba ahogando con él porque, por supuesto, estaba boca arriba.

P. ¿Se sufre con las inyecciones letales?

R. Cuando se inyectan los fármacos en una vena, el primer lugar al que llegan es el corazón y, justo después, los pulmones. [En la mayoría de los casos] las personas mueren de edema pulmonar, que ocurre cuando se filtra líquido hacia los pulmones. La sensación, como dijo un médico, es la de ahogarse por dentro. Nos gusta pensar que estas personas simplemente se están quedando dormidas, pero lo más cercano a la realidad es que las estamos sometiendo a un ahogamiento simulado hasta matarlas.

P. Tennessee sostiene que siguió todos los pasos del protocolo. ¿Puede ocurrir algo así aunque se cumpla?

R. Absolutamente. El protocolo solo te dice qué hacer. Se apoyan en él como si fuera correcto y, por tanto, la ejecución también lo hubiera sido. No lo fue. Claramente no lo fue.

Puedes decir que seguiste el protocolo. Sí, inyectaste pentobarbital. Desde luego. En ese sentido, seguiste el protocolo. Pero ¿de dónde lo obtuviste? ¿Cómo lo almacenaste? ¿Quién lo estaba inyectando? Todas las preguntas que permitirían responder qué le ocurrió están ocultas tras el secretismo.

P. ¿Qué pudo haber pasado para que Pike recibiera las inyecciones y siguiera viva?

R. Tengo algunas ideas. Una es que los fármacos pudieron haberse infiltrado en los tejidos. Es decir, la aguja, el catéter, pudo haberse salido de la vena y estar inyectando los fármacos en el tejido que la rodea. Eso sería muy compatible con lo que [Pike] dijo: “Siento que el brazo está a punto de reventar”. Si los fármacos se estuvieran inyectando en el tejido que rodea la vena, esa sería precisamente la sensación. Eso también habría reducido el efecto de los fármacos porque no estaban entrando directamente en la vena, sino en el tejido. Es una posibilidad.

La infiltración podría producirse porque tiene venas frágiles y quizá la vena colapsó. He documentado caso tras caso en que el catéter se sale de la vena y, por tanto, los fármacos se inyectan en el tejido circundante.

En las ejecuciones por inyección letal, esto también suele ocurrir porque quienes presionan las jeringas y administran las inyecciones son funcionarios de prisiones sin formación médica. No son médicos. Lo hacen desde otra habitación, una pequeña antesala, a través de un tubo de unos dos metros. No están junto a la camilla.

P. Si Tennessee intenta ejecutar de nuevo a Pike, ¿qué cuestiones legales se plantearían?

R. El Tribunal Supremo dijo en 1947 que, si un Estado intenta llevar a cabo una ejecución y fracasa, puede volver a intentarlo. Ahora bien, hay una doctrina distinta que exige que la persona tenga capacidad mental para ser ejecutada. Debe entender que el Estado está tratando de matarla y entender por qué.

Ha habido casos de personas con alzhéimer o con distintas lesiones cerebrales que no recuerdan su crimen. No tienen que recordar si realmente lo cometieron. Tienen que entender qué está haciendo el Estado y por qué.

Unidades de emergencia llegan al centro penitenciario de Riverbend, el 30 de septiembre.

P. ¿Su estado de salud podría cambiar y llevar a esa situación?

R. Podría salir de esto con una lesión cerebral que la dejara en coma o en un estado en el que no tuviera capacidad mental para ser ejecutada. Pero esto va más allá de mi propia especialidad. Es una doctrina distinta.

P. Existen otros métodos, como el fusilamiento o la silla eléctrica. ¿Introducen riesgos diferentes?

R. No se trata de introducir riesgos diferentes. Se trata de introducir torturas diferentes.

La silla eléctrica es una muerte espantosa. La gente percibe el olor de la carne quemada. Las personas sangran por los orificios del cuerpo, incluso los de la cara. Es una muerte terrible. El fusilamiento es sangriento y brutal.

Pero hay una pregunta ligeramente distinta que se podría hacer: ¿hay una forma humana de quitarle la vida a alguien? Eso es diferente de preguntar si hay una forma humana de ejecutar.

Todos los Estados que tienen pena de muerte también tienen cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Yo creo que esa pena también es bastante draconiana, porque creo en la posibilidad de redención. Pero, para quienes dicen “ojo por ojo, vida por vida”, mi respuesta es siempre que el Estado puede quitarle la vida a alguien sin pedirle a un pobre funcionario de prisiones que mate a una persona como parte de su trabajo.

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