Hoy en día, la evidencia científica y la neuroeducación arrojan mucha información sobre esta cuestión. El Summer Slide, término formalizado por los expertos como Summer Learning Loss, se refiere al retroceso académico que sufren los niños en verano. Al pasar tanto tiempo inactivos es habitual que pierdan parte de las destrezas y competencias que tanto esfuerzo les costó adquirir durante el curso.
Lejos de ser un mito o una simple sospecha, este declive está ampliamente respaldado por psicólogos y pedagogos desde hace décadas gracias a pruebas y evaluaciones estandarizadas efectuadas de forma sistemática tanto al cierre del curso (junio) como en el inicio del mismo (septiembre). Los hallazgos científicos se fundamentan en varias realidades. Si no se utiliza, se olvida: las destrezas académicas dependen de redes neuronales activas. Si se dejan de estimular durante más de ocho semanas, los canales sinápticos se debilitan. Esto no significa que el saber desaparezca, sino que se ralentizan los procesos que se tenían adquiridos, haciéndose menos ágiles y mecánicos.

El veredicto de las investigaciones: El célebre metaanálisis de Harris Cooper, de la Universidad de Duke (Estados Unidos), constató que, de promedio, los estudiantes pierden el equivalente a un mes entero de aprendizaje global durante el verano. En una línea similar, un informe más reciente de la Northwest Evaluation Association (NWEA) —organización estadounidense de referencia en evaluación educativa—, que analizó a 18 millones de alumnos, desveló que el 52% experimentaba pérdidas de rendimiento cada verano, desvaneciéndose cerca del 39% de los logros alcanzados el curso previo. Se trata, además, de un retraso que puede acumularse año tras año, haciéndose más evidente durante la Educación Secundaria.
Las matemáticas son las grandes afectadas. Un estudio de la NWEA, publicado en 2022, concretó que, mientras la capacidad lectora apenas disminuye un 10%, las destrezas matemáticas se desploman un 42%. La psicología cognitiva aclara que el pensamiento matemático es más abstracto y exige un entrenamiento continuo; por el contrario, la lectura se practica casi de manera involuntaria en la vida diaria, al salir a la calle, ver la televisión, leer instrucciones u observar carteles publicitarios.
Conviene reseñar que el contexto socioeconómico ejerce un papel fundamental en este proceso. Aquellos menores que disfrutan de acceso a la lectura, campamentos y vivencias de carácter educativo o social logran mitigar la pérdida con mayor facilidad que quienes carecen de dichos recursos. Esta desigualdad vacacional queda recogida en la Teoría del Grifo, formulada por investigadores de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos).
El cerebro necesita descansar y parar
Pese a los datos anteriores, la alternativa idónea nunca debe ser la de sobrecargar a los menores. Los expertos en neurociencia recuerdan que el cerebro de los niños precisa de estas vacaciones de verano para poder llevar a cabo los procesos aquí expuestos:
Consolidación de la memoria: el cerebro necesita bajar el ritmo y disfrutar del tiempo libre sin una estructura concreta, donde poder organizar y asimilar los aprendizajes adquiridos a lo largo del curso.
Los cambios internos: esta transformación no es solo física y visible, sino también interna; a lo largo del curso, el estrés, los ritmos rápidos, los horarios llenos de tareas hacen que la hormona del estrés aumente. En cambio, en verano, los ritmos más lentos, la falta de horarios y rutinas hacen que el cortisol se reduzca y los niveles disminuyan.
Favorecer un desarrollo holístico: para adquirir nuevos aprendizajes no solo se necesitan libros o actividades dentro de un aula, sino que otras estrategias como pueden ser el juego al aire libre, el contacto con la naturaleza o el aburrimiento, propio del tiempo libre, favorecen la adquisición de habilidades como la creatividad, la resolución de conflictos o la inteligencia emocional.
Es importante que cada familia encuentre el punto intermedio donde sentirse cómodos, adaptándose a las necesidades, teniendo en cuenta su desarrollo, su evolución y su situación personal a lo largo del verano.
Alternativas a los cuadernos o deberes tradicionales
No es necesario repasar el contenido con actividades repetitivas y poco atractivas, existen otras alternativas mucho más motivantes y efectivas para los menores que hacen que disfruten del aprendizaje de una manera divertida y estimulante. Aprender nuevos retos y descifrar problemas dentro del día a día es sencillo haciéndoles partícipes de las tareas diarias. Por ejemplo, ir a la compra juntos, permitir que escriban la lista de la compra al dictársela y vayan tachando los alimentos que se adquieren, o que sumen el importe del ticket y resuelvan cuánto les tienen que devolver al pagar, son algunas de las tareas que se pueden realizar de manera fluida en la rutina diaria.
La lectura se puede potenciar de muchas maneras posibles. No es necesario obligar a un niño a escoger un título de cientos de hojas, aburrido y poco atractivo para él, sino que debemos favorecer que acuda a la biblioteca o a una librería y escoja con calma aquello que llama su atención, ya sea un cómic, un tebeo o un libro de adivinanzas. El fin es que encuentre el gusto por la lectura y se anime a sumergirse en un nuevo título de manera voluntaria, desde el disfrute, la elección propia y la ilusión. Esto hará que adquiera un hábito de manera permanente y apasionada.
La escritura puede favorecerse con un cuaderno viajero, donde escriba aquello que le guste más de cada día, los datos más curiosos del verano o aquello que quiera destacar de su rutina. No se trata de obligar a que escriba una redacción sobre el verano, quizás un mensaje a los abuelos o a sus amigos o inventar una historia, potencien su parte más creativa.
Los juegos de mesa son un recurso de éxito asegurado, ya que potencian la adquisición de herramientas sociales, tales como la resolución de conflictos, la espera, la empatía o la escucha. Jugar a juegos tradicionales como el parchís, el tres en raya o las cartas, hacen que compartamos tiempo en familia a la vez que afianzamos aprendizajes adquiridos en otros entornos.
Por lo tanto, el Summer Slide es un hecho que no podemos obviar, pero es importante poder abordarlo desde una mirada más actualizada y empática con la infancia. Al igual que a los adultos no nos gusta repetir tareas monótonas de manera mecánica y aburrida, los niños necesitan afianzar sus aprendizajes desde la motivación, el juego y el acompañamiento de sus necesidades.




