El volcán de Fuego, uno de los más activos de la región centroamericana, concluyó este miércoles una fase eruptiva que se prolongó por más de 50 horas. El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) informó que la actividad volcánica disminuyó hasta niveles considerados normales, aunque las amenazas derivadas de la erupción continúan latentes en las comunidades cercanas.

Durante este período, el coloso expulsó una amplia variedad de productos volcánicos, entre ellos corrientes de densidad piroclástica, columnas de gas y ceniza, así como pulsos incandescentes que alcanzaron varios cientos de metros sobre el cráter. Las barrancas Seca (flanco oeste) y Ceniza (flanco suroeste) fueron las más afectadas por la acumulación de material eruptivo, lo que incrementa el riesgo de lahares en los próximos días.
Transformación del cráter y efectos inmediatos
Las autoridades señalaron que el cráter del volcán experimentó procesos de erosión drásticos durante la erupción, modificando su morfología y generando nuevas fracturas visibles desde los puntos de monitoreo. Este cambio estructural podría influir en futuras emisiones de material volcánico, aumentando la vulnerabilidad de las comunidades asentadas en las faldas del volcán.
La caída de ceniza fue reportada en varios municipios de Sacatepéquez, Chimaltenango y Escuintla, afectando viviendas, cultivos y sistemas de agua. En algunos sectores, los techos quedaron cubiertos por capas de polvo volcánico, lo que obligó a vecinos a realizar limpiezas constantes para evitar colapsos por el peso acumulado.
Amenazas que persisten
Aunque la fase eruptiva concluyó, el Insivumeh advirtió que la actividad normal del volcán incluye entre 4 y 6 explosiones débiles o moderadas por hora, acompañadas de pulsos incandescentes de hasta 200 metros sobre el cráter. Las columnas de gas y ceniza alcanzan alturas cercanas a los 4,800 metros sobre el nivel del mar, con dispersión hacia áreas pobladas dependiendo de la dirección del viento.
Las principales amenazas identificadas son:
- Lahares: flujos de lodo y escombros que podrían descender por las barrancas durante lluvias intensas, arrastrando material acumulado en las laderas.
- Removilización de ceniza: el polvo fino depositado en techos y calles puede ser levantado por vientos fuertes, afectando la calidad del aire.
- Dispersión de ceniza explosiva: nuevas explosiones podrían mantener emisiones en alturas inferiores a los 5,000 metros, con riesgo de expansión hacia comunidades cercanas.
Respuesta institucional y comunitaria
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) mantiene comunicación con líderes comunitarios y cuerpos de socorro para evaluar posibles evacuaciones preventivas. Se recomendó a la población evitar actividades al aire libre prolongadas y proteger fuentes de agua ante la caída de ceniza.
El Ministerio de Salud Pública recordó que la inhalación de partículas volcánicas puede provocar irritación en ojos y vías respiratorias, especialmente en niños y adultos mayores. Se distribuyeron mascarillas y kits de limpieza en algunos centros de salud de Escuintla y Chimaltenango.
Por su parte, agricultores expresaron preocupación por los daños en cultivos de café y maíz, fundamentales para la economía local. “La ceniza quema las hojas y afecta la producción. Si las lluvias arrastran más material, podríamos perder la cosecha”, señaló un productor de San Pedro Yepocapa.
Contexto histórico y memoria colectiva
El volcán de Fuego ha sido escenario de múltiples erupciones de gran impacto. La más recordada ocurrió el 3 de junio de 2018, cuando una avalancha de material piroclástico soterró comunidades enteras en Escuintla y Alotenango, dejando 202 muertos y 229 desaparecidos. Ese antecedente sigue presente en la memoria de los habitantes, quienes reaccionan con alerta ante cualquier incremento en la actividad volcánica.
“Cada vez que vemos humo o escuchamos explosiones, pensamos en lo peor. No podemos olvidar lo que pasó en 2018”, relató una vecina de Alotenango.
Vigilancia permanente
El Insivumeh reiteró que el volcán se mantiene bajo monitoreo constante y que cualquier cambio significativo será comunicado de inmediato. Expertos señalan que el coloso mantiene un patrón de actividad cíclica, con fases de calma seguidas de emisiones de ceniza y material incandescente.
Mientras tanto, las comunidades cercanas permanecen en estado de alerta, conscientes de que la convivencia con el volcán implica riesgos permanentes. La erupción que acaba de concluir es un recordatorio de la fuerza de la naturaleza y de la necesidad de fortalecer la preparación y respuesta ante emergencias.




