Cuando hablamos de la omnipresencia de las pantallas, pensamos ante todo en los efectos negativos sobre la salud mental: adicción, dificultad para concentrarse, ansiedad o trastornos depresivos…
Sin embargo, la salud física también se ve muy afectada por el lugar central que ocupa el teléfono en nuestras vidas.
Un estudio reciente, sugiere en primer lugar un cambio en la forma del cuello relacionado con el hecho de que a menudo nos inclinamos para consultar nuestro teléfono inteligente.
De hecho, esta postura, apodada “cuello tecnológico”, puede ejercer hasta 27 kilos de presión sobre el cuello.

Efectos perdurables
A largo plazo, el “cuello tecnológico” puede dañar los discos intervertebrales, debilitar las articulaciones y los músculos, e incluso alterar la apariencia del cuerpo y reducir la capacidad pulmonar.
Aún más insólito: el uso masivo del teléfono podría favorecer la aparición de arrugas en el cuello debido a la constante inclinación de la cabeza.
En efecto, el estrés repetido en la piel favorece la aparición de arrugas.
“La hipótesis es válida”, afirma Justine Hextall, dermatóloga y miembro del Real Colegio de Médicos del Reino Unido, citada por Slate .
Sin embargo, ningún estudio ha confirmado aún que el uso del teléfono cause arrugas.
Cabe señalar también que, más allá del teléfono, el uso habitual de relojes inteligentes no está exento de consecuencias para el cuerpo.
Además, estos relojes dañan la barrera cutánea, lo que también podría aumentar la sensibilidad a ciertas sustancias presentes en los dispositivos, como el níquel, el caucho o el látex, añade este científico.
Otro problema: el aumento de la miopía, del que a menudo se culpa a las pantallas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 40% y el 50% de la humanidad podría padecer miopía para el año 2050, en comparación con el 20% al 30% actual.

Como señala 3.000 estudios han demostrado una correlación entre el aumento de la prevalencia de la miopía y el uso de pantallas.
La oftalmóloga pediátrica Isabelle Laliberté informó que el 70% de los jóvenes que usan una pantalla durante al menos cuatro horas al día reportan experimentar síntomas como visión borrosa, dolor ocular o dolores de cabeza.
“Se llama fatiga visual digital y son las pantallas las que la provocan”, afirma sin rodeos este especialista, citado.
Para reducir todos estos riesgos, se recomienda colocar la pantalla (del teléfono o incluso del ordenador) a la altura de los ojos y a la distancia de un brazo del rostro.

La entrevista añade que tomar descansos regulares del uso de pantallas, por ejemplo cada media hora, puede mitigar sus efectos negativos en el cuerpo.
En lo que respecta a los niños menores de 12 años, los especialistas citados recomiendan limitar el tiempo frente a las pantallas a un máximo de dos horas al día, sin olvidar tomar descansos frecuentes.
Finalmente, dado el riesgo de desarrollar miopía, los oftalmólogos recomiendan pasar suficiente tiempo al aire libre (al menos dos horas al día para las personas más jóvenes), ya que la luz natural previene el crecimiento excesivo del ojo.
Los dispositivos móviles están cambiando nuestro cuerpo
Mirar el teléfono durante horas, con la cabeza agachada, es un gesto tan habitual como perjudicial. Esa postura multiplica el esfuerzo que debe soportar el cuello y acaba afectando a la espalda, los músculos y las articulaciones provocando molestias que, con los años, pueden pueden causar problemas posturales y lesiones de mayor importancia, según señaló.
Para minimizar estos problemas, los expertos aconsejan colocar las pantallas a la altura de la mirada, mantener una postura más natural y hacer descansos periódicos durante el tiempo de uso.
Diversos estudios experimentales apuntan a que la luz visible, especialmente la franja azul-violeta emitida por las pantallas, puede penetrar en la piel y favorecer procesos como el estrés oxidativo y la hiperpigmentación persistente. Sin embargo, hasta la fecha no existe evidencia clínica concluyente que demuestre que esta exposición, por sí sola, provoque arrugas o acelere el envejecimiento prematuro de la piel.
Otros problemas cutáneos sí están mejor identificados, sobre todo por el uso prolongado de relojes inteligentes. La acumulación de humedad y suciedad puede irritar la piel, favorecer eccemas y aumentar la sensibilidad a materiales como el níquel, el caucho o ciertos componentes utilizados en dispositivos tecnológicos.
Los dermatólogos aconsejan retirar el reloj de forma periódica, especialmente después de hacer ejercicio o en situaciones de sudoración intensa, ya que la humedad y las sales del sudor pueden irritar la piel. También recomiendan limpiar con regularidad tanto la muñeca con agua y jabón, secar bien la zona antes de volver a colocarlo y, siempre que sea posible, alternar la muñeca en la que se lleva para disminuir el roce continuo y la acumulación de suciedad.

El uso de las tecnologías puede provocar síntomas de la fatiga visual digital como la sequedad ocular, cansancio en los ojos y dolor de cabeza, según Medical News Today.




