La tendencia refleja una nueva etapa en la incorporación de estas tecnologías al ámbito corporativo. Si durante los últimos dos años el objetivo fue impulsar la experimentación y familiarizar a los equipos con plataformas como Claude, ChatGPT o Gemini, ahora muchas organizaciones buscan garantizar que el uso de estas herramientas genere un retorno concreto para el negocio.
Uno de los ejemplos citados por empleados del sector tecnológico es el de Mercado Libre, donde la cuota mensual asignada para el uso de Claude habría sido reducida de 800 a 300 dólares por usuario. Quienes necesiten superar ese límite deben solicitar una autorización adicional y justificar el consumo.
La medida no implica un retroceso en la adopción de inteligencia artificial, sino una etapa de maduración. Las empresas continúan invirtiendo en IA, pero comienzan a tratar estos recursos de la misma manera que otros gastos tecnológicos: con presupuestos, métricas y controles.
Especialistas señalan que durante la primera ola de implementación muchas organizaciones subestimaron el costo real asociado al consumo intensivo de modelos avanzados, especialmente en áreas como desarrollo de software, análisis de datos y generación de contenidos.
A medida que aumenta la cantidad de empleados que utilizan estas herramientas de forma cotidiana, también crecen los costos vinculados a licencias, procesamiento y consumo de tokens.
Por esa razón, algunas compañías están promoviendo prácticas más eficientes, como la reutilización de consultas, la utilización de modelos menos costosos para tareas simples y la aprobación previa para usos de alto volumen.




