La celebración eucarística coincidió con el 43 aniversario de la muerte del religioso y fue presidida por el cardenal mexicano José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, quien participó como delegado del papa León XIV. En la actividad también estuvieron presentes el arzobispo metropolitano Gonzalo de Villa y Vásquez, dos cardenales, 27 obispos, el nuncio apostólico y alrededor de 300 sacerdotes.
Durante la ceremonia, el vicepostulador de la causa, fray Edwin Alvarado, dio lectura al decreto pontificio que reconoce el martirio del franciscano. Posteriormente, anunció su inscripción en el número de los beatos y se develó la imagen oficial destinada a su veneración.
El reconocimiento fue formalizado por el Vaticano el 22 de enero de 2026, después de una audiencia entre León XIV y el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. Al establecerse que Ramírez Monasterio murió como mártir, su beatificación no requirió la acreditación de un milagro, condición habitual en otras causas de santidad.
El secreto de confesión
En su homilía, Robles Ortega destacó que el religioso fue asesinado por mantener la confidencialidad de una confesión. Según los antecedentes de la causa, en junio de 1983 el sacerdote atendió sacramentalmente a un campesino vinculado con la guerrilla, situación que posteriormente generó acusaciones en su contra.
El franciscano fue secuestrado y torturado antes de su asesinato. El 7 de noviembre de 1983 fue interceptado por segunda vez y murió por disparos en las afueras de la ciudad de Guatemala. Las autoridades de entonces presentaron el hecho como un supuesto intento de fuga.
El cardenal señaló que el secreto de confesión no constituye un privilegio negociable, sino una obligación vinculada con la naturaleza del sacramento. También llamó a los sacerdotes a mantener la confidencialidad y acompañar a las comunidades que enfrentan situaciones de sufrimiento.
Una causa de reconocimiento prolongado
La causa de beatificación comenzó a tomar impulso en 1996, cuando la Conferencia Episcopal de Guatemala presentó el nombre del franciscano ante el papa Juan Pablo II. La petición fue reiterada durante la segunda visita del pontífice al país, en 2000.
La ceremonia concluyó con la invocación al nuevo beato. Posteriormente, sus reliquias fueron trasladadas en procesión hacia el templo de San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala, donde los fieles participaron en las actividades de veneración.





