martes, noviembre 3, 2026

Qué son y cómo actúan las madres beta, la respuesta a la crianza helicóptero

La imagen de una madre o un padre entregado a sus hijos está asociada a una idea, en apariencia sencilla: cuanto más se hace, mejor progenitor se es.

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Organizar cada actividad, supervisar los deberes, controlar los horarios, intervenir ante cualquier dificultad y anticiparse a los problemas forma parte de una especie de carrera silenciosa por ofrecer a los hijos la infancia más estimulante, segura y exitosa posible. Sin embargo, en Estados Unidos ha comenzado a circular una tendencia bautizada en redes sociales como beta mom o madre beta, que defiende que una buena madre no tiene por qué estar pendiente de todo.

Este término aún no aparece recogido en la literatura científica, pero se ha popularizado como reacción a décadas de helicopter parenting, una expresión que la American Psychological Association (APA, por sus siglas en inglés) utiliza para referirse a formas de crianza muy controladoras, en las que los progenitores supervisan e intervienen de manera constante, dejando menos espacio para que los hijos desarrollen su autonomía.

“En redes se juega con la idea de madre alfa y beta. Mientras que la alfa es dominante y la que controla, la madre beta es la más tranquila, menos exigente, renuncia a la perfección y acepta que la casa no esté impecable, que el niño se aburra o que no todo esté planificado”, explica la psicóloga Iratxe López Fuentes, directora de un centro privado de psicología en Bilbao.

¿En qué consiste exactamente ser y actuar como una madre beta? The Wall Street Journal recogió este año testimonios de madres en Estados Unidos que dicen reducir las actividades extraescolares y aceptar que la casa, los horarios y las notas no tienen por qué ser perfectos. “Es una idea que ahora se ha hecho viral, pero la psicología lleva mucho tiempo reflexionando sobre esta cuestión. El psicoanalista y pediatra Donald Winnicott hablaba a mediados del siglo XX de la madre suficientemente buena: los niños no necesitan madres perfectas, sino madres disponibles y cariñosas que, a veces, se equivocan. Esos pequeños fallos les enseñan a tolerar la frustración y a buscar sus propios recursos”, explica López.

Menos control no significa menos presencia

A pesar de que la ciencia no habla todavía de madres beta, sí empieza a dibujar el tipo de crianza que hay detrás de un modelo menos controlador y que favorece la autonomía. Un estudio de 2025 publicado en la revista científica Journal of Family Psychology, editada por la Asociación Americana de Psicología, titulado Perfiles de apoyo a la autonomía y crianza controladora, analizó datos de 3.843 progenitores de Canadá y encontró que solo el 17% declaró recurrir predominantemente a prácticas de crianza que apoyan la autonomía.La supervisión tampoco tiene por qué significar estar comprobándolo todo.

La supervisión tampoco tiene por qué significar estar comprobándolo todo.

Según la investigación, los hijos de este grupo eran quienes más percibían ese apoyo y, además, mostraban mejores resultados académicos y menos problemas de conducta. “Hay que tener cuidado con pasarse al otro extremo. Una cosa es dejar de agobiar al hijo y otra muy distinta es dejar de poner normas. En psicología sabemos que lo que mejor funciona es una crianza que combina dos cosas a la vez: mucho cariño y confianza, y normas claras”, sostiene López. Y matiza: “La madre beta acierta en lo primero, en dar espacio y no controlarlo todo. Pero si soltar significa no poner ningún límite, el niño se queda sin una guía que necesita, y eso tampoco es bueno para él”.

La psicóloga considera que el equilibrio es lo que se busca en la crianza. “Si una niña no quiere hacer los deberes, su madre puede hacer tres cosas: sentarse a su lado y prácticamente hacérselos, así la protege del esfuerzo, pero también le quita la oportunidad de aprender a hacerlo sola; decirle ‘tú verás’ y no volver a preguntar, así le da libertad, pero la deja sin una guía que a esa edad todavía necesita; o bien decir: ‘Los deberes se hacen antes de cenar. Tú decides si empiezas por Mates o por Lengua, y si te atascas, me llamas’. Aquí hay una norma clara, la niña tiene margen para decidir y sabe que su madre está ahí si la necesita”, desarrolla.

Cómo combinar autonomía con límites y sobreprotección

Conseguir un equilibrio entre autonomía y control es posible, pero no se trata de una tarea sencilla. Cristina Sanz García, psicóloga y directora del Centro de Psicología Privado Luria Psicología, propone volver a una crianza más humana, que requiere guiar, acompañar y respetar a los hijos, aunque a veces también implique desbordarse. “Los niños necesitan saber que hay adultos que ponen límites y cuidan de ellos, pero también necesitan espacios en los que puedan decidir y experimentar”, explica. “Podemos decidir que hay que acostarse a determinada hora, pero dejar que el niño elija el pijama. Podemos establecer que los deberes tienen que estar hechos, pero permitir que decida por dónde empieza a realizarlos. Y, a medida que crecen, podemos ir ampliando esos márgenes”, ejemplifica esta experta.

Hay algunas preguntas sencillas que, según Sanz, pueden ayudar a reflexionar sobre este tipo de situaciones: “¿Esto lo estoy haciendo porque mi hijo todavía no puede hacerlo o porque me cuesta dejar que lo haga solo?” o, incluso, “¿No puede hacerlo o queda mejor cuando lo hago yo?”. Esta sobreexigencia personal se manifiesta en pensamientos como “tengo que hacerle la coleta, porque si no va mal peinada” o “tengo que hacer el proyecto, porque si no van a pensar que no nos implicamos en casa”, argumenta.

La necesidad de intervenir constantemente también refleja una autoexigencia muy presente en la maternidad. “La supervisión tampoco tiene por qué significar estar comprobándolo todo. Podemos preguntar, interesarnos, acompañar y estar disponibles sin convertirnos en inspectores permanentes de su vida. Quiero pensar que la crianza va cambiando de ‘lo hago por ti’ a ‘lo hacemos juntos’ y, finalmente, a ‘confío en que puedes hacerlo tú y, si me necesitas, aquí estoy”, resume.

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