La seguridad alimentaria a nivel mundial, pero especialmente en el continente africano, está en grave peligro debido al cambio climático. Los expertos prevén la pérdida de cosechas, una importante bajada de la producción y una grave crisis de abastecimiento. Por ello, se necesitan alternativas y el enset puede ser una de ellas.
Conocido como “el árbol contra el hambre”, “el plátano con esteroides” o “el cultivo milagroso”, el enset (Ensete ventricosum) es un tipo de planta muy dura, capaz de resistir a los efectos del cambio climático, como la sequía, y que aporta como alimento un alto valor calórico que sirve para abastecer a muchas personas.

Se trata de un pariente cercano del plátano -razón por la que algunos también lo denominan como “plátano falso”- y, de hecho, se parece mucho a él, con grandes hojas y con frutos muy similares que, sin embargo, no son comestibles. Lo que sí se come es su pseudotallo (el tronco de la planta) y su cormo subterráneo (su raíz, que se parece a un tubérculo).
Según afirmaba la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en un informe de 1995, el enset “proporciona más alimento por unidad superficie que la mayoría de los cereales. Entre cuarenta y sesenta plantas son suficientes para alimentar una familia de cinco a seis miembros”.

Esta planta, que puede alcanzar los 10 metros de altura, crece de forma silvestre en los valles fluviales y desfiladeros desde desde el norte de Sudán hasta Mozambique, pero sólo es cultivado en Etiopía, donde es un alimento básico para más de 20 millones de personas dentro del país.
Entre los beneficios que ofrece está que puede cosecharse en cualquier época del año y tiene una vida de diez o doce años, tiempo durante el cual se pueden recolectar cientos de kilos de tejido vegetal de su pseudotallo y su cormo que es muy rico en almidón y pueden utilizarse para elaborar distintos alimentos.
Además, como recalcan desde el Royal Botanic Gardens en Kew (Reino Unido), su reproducción es muy sencilla, pues se propaga por clonación, es decir, que cortando una parte de la planta y replantándola brotarán de ellas cuentos de nuevos tallos que también se pueden replantar.
En Etiopía, el enset no se utiliza únicamente para conseguir alimentos, sino que otras de sus partes también son muy útiles. Las fibras que se desprenden tras la cosecha se utilizan para la construcción debido a su enorme resistencia; los nervios de sus hojas sirven de forraje para los animales; y las propias hojas para techar viviendas, envasar cosas u hornear pan.
Según explicó en la CNN el conservacionista británico James Borrell, los etíopes pulverizan tanto el tallo como el cormo del enset, lo mezclan con levadura y lo dejan fermentando bajo tierra entre tres meses y dos años, lo que da lugar a una masa que utilizan para elaborar el kocho, un producto parecido al pan.
Otro producto que también se extrae en esa misma operación (cuando se pulveriza) es la bulla, un líquido que concentran para conseguir una especie de polvo blanco que, posteriormente, rehidratan para la preparación de platos como las gachas o albóndigas.

Según un estudio publicado en 2021 y desarrollado por investigadores británicos entre los que se encontraba Borell, la impresionante adaptabilidad del enset permitiría su cultivo en amplias zonas de África, incluyendo el sur y el este del continente.
“En la historia existen muchos ejemplos de cultivos que llegan a nuevos lugares y se convierten en la especie dominante. Así que no hay absolutamente ninguna razón por la que el enset no pueda ser importante en algún otro sitio”, destacó Borrell.
La duda que existe entre los expertos es cómo es posible que los enset no se cultiven en otras zonas viendo el éxito cosechado en Etiopía con esta planta y como ha sucedido históricamente con otros productos como el maíz, el arroz o las patatas.

“No se me ocurre otro cultivo tan común en su lugar de origen, donde todos los agricultores lo cultivan en esta región de 300 kilómetros, pero vas a Kenia, Tanzania o Uganda y preguntas: ‘¿Sabían que se puede comer eso?’, y la gente te mira con cara de desconcierto. Es realmente extraño”, explicaba Borrell.
Uno de los principales factores que barajan los expertos para explicar esta situación son las estrictas leyes de Etiopía para la salida de material vegetal del país, lo que se hace con el objetivo de luchar contra la biopiratería. Y, aunque el enset está en otras zonas de África, las variedades silvestres nada tienen que ver con las cultivadas en tierras etíopes.
Otro problema que apuntan es que su cosecha es muy dura y requiere de una metodología muy elaborada desarrollada por los etíopes desde hace siglos, por lo que requiere de una serie de conocimientos muy especializados.
Pese a todo, sería una postura inteligente promover la expansión de este tipo de cultivos ante la amenaza del cambio climático. Según apuntaba Borrell, “queremos producir más alimentos, con un menor impacto ambiental, en un clima menos predecible que nunca. Son tres cosas difíciles de lograr en conjunto”… y el enset puede ser una solución perfecta para esto.




