Un grupo de 17 jóvenes de comunidades fronterizas de Guatemala y Belice presentó un mural comunitario en la zona de adyacencia, con el objetivo de promover la cultura de paz y la protección del río Mopán. La iniciativa se enmarca en el programa binacional La Zona / The Zone y su laboratorio de innovación La Zona Lab, impulsados por la Organización de Estados Americanos (OEA).
La obra, elaborada de manera colaborativa, integra símbolos culturales y naturales de Benque Viejo y Arenal, y se convierte en un gesto de convivencia en un territorio marcado por la disputa histórica entre ambos países.
El secretario general de la OEA, Albert R. Ramdin, destacó que involucrar a la juventud en procesos de paz es “crítico” para garantizar sostenibilidad. Sin embargo, sus palabras también reflejan la necesidad de mostrar resultados tangibles en una región donde la presencia de la OEA se extiende por más de dos décadas, con un rol de mediación que depende de financiamiento externo y del respaldo político de los gobiernos.
Cancilleres y compromisos
La actividad coincidió con la visita del Grupo de Amigos de Belice y Guatemala, conformado por países y socios internacionales que aportan recursos al proceso. El canciller guatemalteco, Carlos Ramiro Martínez Alvarado, reiteró el compromiso de su país con la vía pacífica y con el litigio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). También agradeció las contribuciones financieras que permiten mantener operativa la oficina de la OEA en la zona.
El énfasis en la sostenibilidad económica del proyecto revela una preocupación latente: sin apoyo internacional, las acciones de verificación de incidentes, prevención de tensiones y trabajo comunitario podrían verse debilitadas.
Entre la diplomacia y la realidad local
Aunque los discursos oficiales resaltan la importancia del diálogo y la cooperación, la vida cotidiana en la zona de adyacencia sigue marcada por la incertidumbre territorial y la necesidad de oportunidades concretas para las comunidades. El mural, más allá de su valor simbólico, expone la urgencia de que las políticas de paz se traduzcan en mejoras palpables para quienes habitan la frontera.




