En el Patio de la Vida del Palacio Nacional de la Cultura, se presentó la Memoria de Labores 2025 del Aporte para la Descentralización Cultural (ADESCA) el 14 de agosto. Más allá de un acto administrativo, el evento se convirtió en un espacio de reflexión sobre el papel del arte en la vida cotidiana y en la construcción de ciudadanía.

La memoria recoge proyectos, cifras y testimonios que revelan cómo la inversión cultural trasciende los números: 32 convenios suscritos, 56 actividades financiadas y más de 7.5 millones de quetzales invertidos, con un impacto directo en 16 departamentos y más de 54,000 personas. El dato más significativo es que el 82% de los recursos se destinó a comunidades fuera de la capital, reafirmando la apuesta por descentralizar la cultura y acercarla a quienes históricamente han tenido menos acceso.
Cultura como ejercicio social
El director ejecutivo de ADESCA, Douglas Vásquez, subrayó que la rendición de cuentas no es solo un requisito institucional, sino un acto de responsabilidad hacia la sociedad. Su mensaje apuntó a la dimensión transformadora del arte: “La cultura ha demostrado en diferentes realidades ser el artífice que transforma cualitativamente las sociedades”.
Ese impacto se refleja en la salud mental y espiritual de las comunidades, en la recuperación de la memoria histórica y en la posibilidad de que las personas se reconozcan en sus raíces. El arte, en este sentido, no es un lujo ni un entretenimiento, sino un recurso vital para la cohesión social.
Voces y transiciones
El evento también marcó un relevo en el Consejo de Administración: Oswaldo Popol entregó la presidencia a Magaly Letona, quien asumirá el liderazgo en 2026. Ambos coincidieron en que los logros de ADESCA son fruto de la suma de voluntades y del trabajo colectivo de gestores culturales, artistas y comunidades.
Un momento emotivo fue el reconocimiento a Martín Sacalxot, maestro y defensor de los derechos humanos de los pueblos indígenas, cuya trayectoria en ADESCA ha dejado huella. Su reflexión recordó que el apoyo estatal es indispensable para que el arte siga siendo un motor de transformación social.
El arte como testimonio vivo
La jornada estuvo acompañada por la música de la Marimba Qawinaqel, símbolo sonoro de Guatemala, y por la voz de la artista urbana Rebeca Lane, quien compartió parte de su nuevo material discográfico producido con el respaldo de ADESCA. Ambas intervenciones fueron más que presentaciones artísticas: se convirtieron en testimonios de cómo la cultura se expresa en múltiples lenguajes y conecta generaciones distintas.

Huella viva
Bajo el lema “Huella viva, cultura que deja marca”, ADESCA insistió en que invertir en arte no es un gasto, sino una apuesta por un tejido social más fuerte, participativo y orgulloso de sus raíces. La memoria de labores 2025 no solo documenta cifras, sino que muestra cómo la cultura se convierte en un espacio de encuentro, resistencia y esperanza.
En tiempos de fragmentación social, el arte aparece como un puente que une comunidades, que da voz a quienes han sido silenciados y que reafirma la identidad de un país diverso. La labor de ADESCA, más allá de los informes y balances, deja claro que la cultura es un derecho y una herramienta para imaginar futuros más justos.




