sábado, agosto 15, 2026

Cómo aprovechar para fomentar la autonomía infantil: “Cuando todo está estipulado y regulado, no hay libertad”

El día a día de los niños cambia de forma drástica respecto al resto del año: desaparece la rutina del colegio, pasan menos tiempo supervisados por sus padres o tutores e incluso se dan situaciones en las que disminuye ese apoyo diario e intenso.

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Ya sea en campamentos, cursos de verano o en el pueblo, este cambio de contexto puede favorecer que desarrollen una mayor independencia. ¿Cómo puede aprovecharse el verano para fomentar esa autonomía infantil? “Cuando los niños cambian de un entorno a otro, se desconciertan un poco. Están muy acostumbrados a estar supervisados por los padres, profesores, monitores… Se les nota esa falta de autonomía e independencia emocional. Por eso, es una época más limpia para empezar con esto y enseñarles esa autonomía”, sostiene Elisa López, psicóloga infantil en 10 en Conducta.

La falta de autonomía infantil es algo preocupante por el impacto que puede tener en el desarrollo de un menor. La época estival puede acelerarla y convertirse en una oportunidad para impulsarla, ya que desaparece parte de la supervisión que se da el resto del año. “Cuando todo está estipulado y regulado, no hay libertad. En verano, se fomenta y se acelera la autonomía del niño independientemente de su temperamento y características. El aumento es significativo”, apunta, por su parte, Daniel Esteban, psicólogo infantil con un centro en Logroño.

La dependencia que puede generarse cuando los niños necesitan el apoyo constante de sus padres hace que separarse de ellos manifieste esa falta de autonomía. El verano también puede convertirse en una oportunidad para fomentarla al favorecer una separación progresiva entre padres e hijos, advierte López: “Las señales de falta de independencia son que el niño no se quiere alejar de sus padres. No tiene costumbre de hacerlo. Generalmente, rechaza estar mucho tiempo sin ellos. Eso los padres tenemos que trabajarlo”.

Otra señal es que digan “me aburro” constantemente, añade la psicóloga: “Esperan que los padres sean la solución y su agenda. Al no tener mucha actividad, generalmente están acostumbrados a tener un horario relativamente cerrado. Cuando llega el verano y eso se rompe, se preguntan qué hacer con ese tiempo. Esperan que los padres sean como animadores socioculturales para que les resolvamos qué hacer con tanto tiempo libre”.

Un estudio publicado en 2024 en Frontiers in Psychology —Empowering young people—the impact of camp experiences on personal resources, well-being, and community building— observó que los campamentos de verano pueden mejorar el desarrollo personal y social, porque los adolescentes participantes mostraron mejoras en empatía, autocontrol emocional, optimismo, asertividad y autoestima. Otra investigación, publicada en Behavioral Sciences [The Relationship between Parental Autonomy Support and Children’s Self-Concept in China—The Role of Basic Psychological Needs, 2024], relaciona el apoyo parental a la autonomía con una mayor satisfacción de necesidades psicológicas básicas, como la autonomía, la competencia y el vínculo, así como con un mejor autoconcepto infantil.

Desde el punto de vista de los padres, fomentar la autonomía infantil no significa exponer a los niños a situaciones para las que todavía no están preparados: “Es muy difícil, porque esa línea se pone en función del sufrimiento del niño. Tienes que ir proponiendo retos difíciles porque tienen que ir soltándose; es poco a poco”, aconseja López. Los padres, asegura, no pueden resolverles todo, pero tampoco se debe llegar al punto en el que el niño sufra constantemente: “Poco a poco delegaría esas responsabilidades y vamos a ver cómo reacciona. Si lo hacemos con supervisión, vamos dejándolo como algo paulatino”.

La clave está en aumentar su independencia de forma gradual y adaptada a su madurez.

Para Esteban, la clave está en aumentar su independencia de forma gradual y adaptada a su madurez: “Es algo difícil de gestionar como padres, porque nadie disfruta o se queda tranquilo mientras su hijo está frustrado, llorando o angustiado”. Según indica el psicólogo, se debe fomentar la paciencia para lograr que los niños sean capaces de salir de esa frustración, al mismo tiempo que los padres estén a su lado como guías. “Es algo que se mejora conforme tienes experiencia como padre. Cuando son primerizos, a veces ponen a los hijos demasiado entre algodones. Luego queremos autonomía, pero nunca les hemos dejado enfrentarse solos a un nuevo reto. Queremos una cosa, pero no la predicamos”.

Otro de los factores que favorecen el desarrollo de la autonomía es la relación con los iguales, es decir, con amigos y compañeros. La imitación desempeña un papel fundamental en el aprendizaje infantil, por lo que la convivencia con otros niños ayuda a incorporar nuevos comportamientos mediante imitación y a ganar confianza. “El niño va a imitar cuando no sepa cómo desarrollarse en un ambiente. En un colegio nuevo, un campamento de verano o el pueblo, hará lo que hagan los niños normalmente en ese sitio”, subraya López.

Para ayudar a las familias a fomentar esa autonomía sin caer en la sobreprotección ni en la exposición prematura, ambos expertos ofrecen varias recomendaciones prácticas. “Cuando empiezan a salir con 11 o 12 años, aunque no aconsejo móviles, pueden tener uno para decir que llegaron a su destino, que están con sus amigas o que, si necesitan que les recojan, llamen. A los padres les cuesta muchísimo soltar ese control de saber dónde están y dónde no”, indica López. Otra de las mejoras que se puede llevar a cabo es la de realizar ciertas tareas domésticas: “El verano es un buen momento para empezar a delegar labores domésticas: limpiar la habitación, bajar la basura, hacer un recado… Si son viables esas pequeñas muestras de confianza, los padres confían en los niños para hacer esos pequeños recados”.

Pero reforzar la autonomía y la independencia no debe ser el único objetivo para este verano. Esteban quiere reforzar la idea de que en vacaciones el objetivo es que los niños estén bien, disfruten y fomenten la autoestima: “Hay que escucharles y supervisarles, pero no solucionarles todo. El verano es el mejor momento para entrenar la salida de la zona de confort. Salir de ahí es clave para construir autoestima”.

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