¿Cómo una cazadora heredera de la China Imperial se ha convertido en una de las piezas más buscadas, reinterpretadas y polémicas de la temporada? En los últimos meses, el furor por la chaqueta Tang ha sido tan intenso que todavía no se ha alcanzado un consenso a la hora de nombrarla correctamente.

Se pueden encontrar bajo la etiqueta “chaqueta mandarín”, aunque solo nos estaremos refiriendo al cuello; por “chaqueta oriental”, a pesar de la generalidad y las connotaciones que arrastra; o “pankou jacket”, otro que peca de reduccionista, centrándose solo en los cierres. Imprecisiones al margen, todos remiten a una misma silueta: factura depurada, cuello mao y esos característicos cierres de alamares, con nudos en lugar de botones. Un toque de gracia frente a la uniformidad del minimalimo.
Diminutivo de lo que en chino se conoce como tangzhuang, la chaqueta Tang tampoco guarda relación directa con la célebre dinastía con la que comparte nombre. Como explica la periodista británica Sadie Bargeron, en un artículo en Jing Daily, su origen sería mucho más actual, situándose entre finales del siglo XVIII y principios del XX. “Evolucionó a partir de las chaquetas de montar de la dinastía Qing, usadas por eruditos y funcionarios, convirtiéndose posteriormente en un símbolo de formalidad y orgullo cultural entre las comunidades chinas de todo el mundo”. Su capacidad para aunar sobriedad y exotismo en una sola pieza (al menos, a ojos de Occidente), acabaría cautivando a generaciones de diseñadores.

Yves Saint Laurent sucumbiría a sus encantos para dar forma a La Chinoise en 1977, una colección inspirada en la teatralidad de los bordados y el movimiento de los tejidos. Décadas más tarde, John Galliano en Dior, Marc Jacobs en Louis Vuitton o Jean Paul Gaultier, recuperarían vestidos quipaos, cuellos mandarines y chaquetas inspiradas en la indumentaria tradicional. Ninguna de sus creaciones, y eso que contaban con Kate Moss o Stella Tennant para perpetuar su fantasía asiática, tendría el mismo impacto que la chaqueta viral de Adidas.
La marca lleva más de una década lazando colecciones cápsula en China para celebrar el Año Nuevo Lunar, un mercado que no tenían pensado trascender hasta que este híbrido deportivo vio la luz a finales de año. El responsable de la creación fue Samuel Guì Yang, un creador chino afincado entre Londres y Shanghái que ha hecho de sus raíces el eje de su trabajo.

En cada colección, revisita los símbolos y las siluetas de su infancia; una fórmula que volvió a aplicar sobre la chaqueta icónica de Adidas. Solo tuvo que sobredimensionarle el cuello para acercarlo al mao y cruzar sobre la cremallera unos alamares de cordones, a juego con las icónicas tres rayas. El resultado es una pieza que tanto resulta familiar como extrañamente rompedora. La respuesta no hizo esperar: tras viralizarse en la Semana de la moda de Shanghai, la chaqueta agotó exist5encias, triplicó su precio en reventa y acabó traspasando las fronteras. Incluso se han hecho colecciones de mascotas.
El éxito de la chaqueta Tang tampoco puede entenderse sin su contexto. Podría decirse que la estética neochina vive uno de sus mejores momentos, impulsada por fenómenos digitales como el chinamaxxing (algo así como “llevar lo chino al máximo”). Una tendencia viral que arrancó entre las generaciones más jóvenes de Estados Unidos -muy a pesar de Donald Trump-, y que invita a mirar al país como fuente de inspiración cultural para adoptar sus hábitos. Desde beber agua caliente a practicar taichí. La moda, por supuesto, tampoco ha dejado escaparlo. Que se lo digan a Rohé. La firma de Ámsterdam ha convertido la chaqueta Tang en uno de sus emblemas, una versión depurada, bajo los preceptos del lujo silencioso, que vende a precios muy superioresa los de su referente original.
El atractivo de la Tang está en ese equilibrio. Tiene la formalidad de la americana -en la calle se lleva como un apto sustituto-, pero los alamares ponen en jaque la rigidez de la satrería. Pueden ser discretos y minimalistas o desplegarse en elaborados dibujos de inspiración artesanal, pero siempre cumple con la gran búsqueda de la moda moderna: llamar la atención sin resultar estridente. Es más, firmas españolas especializadas en el mundo nupcial y de eventos, como María de la Orden o Sophie and Lucie, la han adoptado como parte de sus propuesta de invitada, donde este tipo de pieza tiene más peso que las tendencias pasarejas.
La pregunta que faltaría por resolver es dónde está el límite entre la apreciación y la apropiación cultural. “Mi cultura no es tu tendencia” es una de las frases más repetidas entre la comunidad digital china, que observan con cierto recelo el auge de la moda neochina. En un artículo para The Nod, la periodista Chloe Chou, de origen chino e indio, reflexionaba sobre la contradicción que le produce ver cómo se celebran todos esos símbolos que, como migrante, había tenido que esconder y minimizar para paliar la burla.
¿Significa eso que llevar una Tang resulta ofensivo? La periodista no lo cree. Al menos, siempre que se reconozca la historia y el contexto de la prenda. “Por favor, úsalo. Disfrútalo. Ahora bien, no lo llames oriental (que, por cierto, es un término que sigue estando cargado de connotaciones negativas y resulta ofensivo). Nombra la cultura; no es tan difícil. Es china”.
Siguiendo su último consejo, a continuación, una selección de chaquetas Tang de firmas chinas y occidentales que han reinterpretado los códigos de la indumentaria tradicional china sin borrar su origen.





