domingo, junio 14, 2026

Bebé maltratado en Barcelona descansa mientras los padres callan 

Los testigos del caso han declarado esta semana ante el juez instructor pero ninguno dijo haber visto nada, mientras los abogados han anunciado que la semana que viene pedirán que los padres vuelvan a testificar

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Han pasado tres meses de la detención e ingreso en prisión de María y José (nombres inventados). Son los padres de un bebé de solo seis semanas y, según los médicos y la investigación que está en marcha, también los posibles autores de un maltrato habitual a la criatura, incluida una presunta agresión sexual. Y esta semana, en tres días, han declarado una quincena de testigos ante el juez que instruye el caso.

Han pasado tres meses y María y José siguen sin ofrecer ninguna explicación de qué le pasó a su hijo. José continúa en prisión provisional. María quedó en libertad con medidas cautelares el 7 de mayo.

Los antecedentes del caso

El bebé nació el 3 de febrero en Barcelona. Era un hijo buscado: lo concibieron in vitro. Pasó por varios centros hospitalarios los días 1, 7, 10 y 16 de marzo. Por motivos diversos. En el último hospital, sospecharon de maltrato y lo derivaron al Vall d’Hebron.

Hay un informe médico del 18 de marzo que explica que el bebé presentaba “múltiples fracturas en diferente estadio evolutivo que se informan como traumatismo no accidental, fractura desplazada en la diáfisis proximal femoral derecha, fracturas en asa de cubo en metáfisis distales de ambos fémures y tibias, dos lesiones subcorticales en los giros frontal superior y medio izquierdos y otra frontal derecha, hematoma intra escrotal izquierdo, fisura anal de gran tamaño, importante engrosamiento con edema de las paredes del recto (…)”

Y la relación continúa. María, de 43 años, trabajaba como enfermera en ese hospital, junto a otros familiares.

Los progenitores ingresaron en prisión el 20 de marzo, investigados por maltrato habitual, lesiones graves y agresión sexual. Para evitar, dijo el juez del juzgado 1 de VIA (sección de Violencia contra la Infancia y la Adolescencia), que pudieran reiterar el delito o destruir pruebas. El bebé de seis semanas estaba en la UCI.

Tras un mes, se lo llevaron del hospital para entregarlo en acogida. Ahora es un bebé tutelado por la Generalitat. Y, afirman todas las fuentes, en este tiempo no ha sufrido ningún percance nuevo. Pero sí tendrá secuelas.

Los abogados de los padres —no tienen el mismo— presentaron recurso contra la prisión. Y el 7 de mayo, la Audiencia de Barcelona decretó la salida de la cárcel de María. El tribunal concluyó que los indicios contra ella “se han ido debilitando” como presunta autora directa. Una testigo, la compañera en la habitación del hospital, explicó que el padre era brusco con el niño. Y los Mossos hallaron búsquedas de María en Google preocupada por la salud del bebé y por el trato que le daba el padre. En todo caso, María tiene prohibido acercarse o comunicarse con el bebé.

En cambio, el tribunal mantuvo a José (42 años) en prisión. La testigo especificó que le vio “tapándole la boca porque lloraba, zarandeándolo, o dándole un biberón de forma brusca”. Y el informe de los Mossos concluía que “hay varios indicios que apuntan a que sería el autor. Las lesiones costales y neurológicas podrían deberse a zarandeos o trato brusco (…)”. En relación a las lesiones en extremidades (la madre habría dicho a una vecina que él), “a veces no se da cuenta de las manazas que tiene” y que alguna vez habría cogido al menor por las piernas para tirarlo hacía sí mismo, “arrastrando al bebé” que, recordemos, tenía un mes y medio de vida.

Los médicos describen lesiones muy graves

Los tres médicos y la enfermera que atendieron al bebé hace tres meses afirmaron esta semana ante el magistrado que en toda su carrera no habían visto lesiones tan graves. Que eran todas traumáticas, no accidentales. Esto es, compatibles con el maltrato infantil.

El bebé llegó a presentar riesgo vital, dijeron, porque la lesión en el fémur le podría haber seccionado la arteria. Y el desgarro anal —hablamos de al menos cuatro centímetros— no lo explicaría una estimulación digital para provocar la defecación. El juzgado está esperando el resultado de unos análisis que determinarán si había semen, sangre, proteínas…: en definitiva, ADN. Las lesiones cerebrales y las costales, serían compatibles con un zarandeo.

La relación familiar

Dos enfermeras amigas de María explicaron al juez que se estaba planteando echar de casa a José porque “no le gustaba cómo trataba” al bebé. Pero nunca habló de malos tratos. Además, cuando les envió este mensaje, se sabía que el niño ya tenía lesiones. Según ellas, María era la que deseaba con más fuerza ser madre. Aunque cuando lo fue, la vieron triste.

Los abuelos de la criatura insistieron al juez que no detectaron nada extraño. Eso sí, los padres de María reconocieron que, la semana antes del ingreso del bebé, ella les había dicho que no fueran a verlo. Algo que la fiscalía interpreta como un intento de ocultar que el niño ya no estaba bien.

También insistieron que ella estaba preocupada por su estado y por eso lo llevaba tanto al médico. Y que se quejaba que no le daban respuesta y el bebé siempre estaba llorando. Dicen los abogados que si le haces algo a un bebé no insistes en llevarle al médico. Además, los declarantes aseguran que la madre les envió fotos de las cacas de la criatura (grandes cacas que según ella justificarían la fisura anal) y de un morado en el moflete. Incluso les mandó un audio de cómo respiraba el bebé. Y, según las defensas, eso demuestra su preocupación. El juez ha pedido sus teléfonos.

Todos los familiares coincidieron en describir a José como un hombre simple (eufemismo de no muy espabilado), torpe y manazas. Su hermano comentó al juez que le visita en prisión y que le pregunta una y otra vez si le ha hecho algo al bebé y no dice nada. Que José se quedaba bloqueado. Pero que nunca reaccionaba violentamente.

Según ellos, solía enrollarlo en una manta, quizás demasiado fuerte. Y una vez María le recriminó que había zarandeado al niño. Cuando se lo preguntó su cuñado, José lo reconoció, y también que podría haberle estirado de las piernas. José, dicen, no sospecha de la madre. Y ahora está muy afectado porque María ya no tiene contacto con él (por consejo de su abogado, es normal).

La abuela paterna recordó que ella visitaba a su nieto cada miércoles. Que María siempre estaba durmiendo y que era su hijo el que se ocupaba del bebé. El abuelo paterno, por su parte, reconoció que la última semana José le dijo que no fuera porque ella se encontraba mal a causa de la cesárea.

La cuñada de José, que tiene muy buena relación con María, añadió que José se pone fácilmente nervioso, que es frío y que la madre se quejaba que no era cariñoso con ella. Sobre por qué no llevaron a su hijo al Vall d’Hebron, donde María trabajaba, alegan que porque tuvo un parto complicado.

Y ahora qué

Los familiares podían no haber declarado. Pero lo han hecho. Quieren saber, también, qué ha pasado. Sin embargo, tres meses después, insistimos, María y José siguen sin explicar cómo se produjeron las lesiones del bebé. Tampoco han manifestado sospechas el uno sobre el otro. Aunque vete a saber si habrá cambios.

Lo que sí va a haber son movimientos. Los dos abogados han anunciado que van a pedir ya que los padres vuelvan a declarar. Y la abogada de él, además, va a pedir que José salga en libertad. Dice que, si el argumento de la Audiencia de Barcelona fue mantenerlo en prisión para evitar que coaccionara a los testigos, ahora ese riesgo ya no existe porque ya han declarado.

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