Fueron 82 las personas que murieron (y podrían ser más), más otras 120 que resultaron heridas, en la explosión ocurrida el 22 de mayo en la mina de carbón de Liushenyu, en la provincia de Shanxi, el corazón de la industria minera en China. Había 247 personas en la mina en el momento de la explosión.
Las autoridades chinas se apresuraron a informar que investigarían a fondo lo sucedido. No obstante, las pruebas iniciales apuntan a que Tongzhou Group, la empresa que opera la mina de carbón de propiedad privada, habría cometido “graves infracciones ilegales”.
Pérdida de confianza, por tal motivo, la indignación en el pueblo chino se ha disparado, por considerar que las negligencias y los accidentes de tal calibre eran cosa del pasado.
De hecho, mucha gente ha evocado la primera década del siglo XXI, cuando los desastres en la industria minera eran habituales y mortales, algo que pensaban se había subsanado.
Por tal motivo, las autoridades chinas han confirmado que castigarán severamente a los responsables, mientras que Tongzhou Group ha optado por guardar silencio.

De momento, la Administración china ha ordenado a Tongzhou Group paralizar las operaciones en las cuatro minas de carbón que gestiona en la provincia de Shanxi.
Además, según la agencia estatal de noticias Xinhua, varios directivos de la compañía han sido detenidos.
A pesar de la repercusión, las autoridades no especificaron las infracciones de seguridad que pudo haber en la mina de Liushenyu, algo que sí ha hecho la agencia estatal de noticias Xinhua.
Para empezar, la prensa nacional china apunta a que algunos trabajadores no llevaron consigo los dispositivos de seguimiento obligatorio en las minas.
Por otro lado, afirman que los planos proporcionados por la mina de carbón de Liushenyu a las autoridades no coincidían con las condiciones de la mina, complicando las labores de rescate.

Aún hay más, porque los medios estatales apuntan a que, en el momento de la explosión, el número de personas que había en la mina duplicaba el que figuraba en el recuento oficial de la empresa.
El problema es que Tongzhou Group ya recibió dos sanciones administrativas en 2025 por infracciones de seguridad.
Además, desde 2024, la Administración Nacional de Seguridad Minera de China había incluido la mina de Liushenyu en una lista nacional de minas de carbón con riesgos graves.
La gran diferencia con los accidentes de los 2000 es que el Gobierno chino se empleaba a fondo para que no salieran en los grandes medios y en borrar los comentarios de los afectados en Internet.
Eso sí, el esfuerzo de la Administración china desde entonces ha sido notable, contratando expertos internacionales en seguridad minera, fortaleciendo la aplicación de las normas y, sobre todo, cerrando decenas de minas de carbón ilegales o que incumplían la normativa de seguridad.
De hecho, tras este accidente, el Gobierno no ha censurado una sola crítica de las que, en su mayoría, han ido directas al Tongzhou Group.
A la espera de confirmar la cifra definitiva de fallecidos y heridos, este accidente de la mina de Liushenyu se ha acercado, de forma dramática, al más mortal de la historia de la minería china.
Fue en 2009 cuando una explosión de carbón y gas en la provincia de Heilongjiang provocó la muerte de 108 personas, hiriendo a 133.
En este caso, las autoridades provinciales de Shanxi se movieron rápido y enviaron siete equipos de rescate y asistencia médica, con un total de 755 efectivos para gestionar la emergencia.





