El teléfono carga, pero el ordenador no lo reconoce. La razón es que no todos los cables USB son iguales y, pese a su forma aparentemente idéntica, tienen funciones muy diferentes. El propio USB Implementers Forum (USB-IF), organismo responsable del estándar, señala que no todos los cables tienen las mismas capacidades y que es responsabilidad del usuario elegir uno adecuado para el uso que necesita: carga rápida, copiar archivos… Y hay un detalle importante: conectar un dispositivo USB 3.0 a un puerto USB 2.0 no hará que funcione a su máxima velocidad. En una conexión intervienen tanto el dispositivo como el puerto y el cable. Si uno de ellos es más lento, esa limitación puede afectar al resultado final. ¿Cómo podemos identificar los puertos y cables? ¿Es posible saber qué hace un cable simplemente mirando su color?
Blanco, azul, amarillo…
Lo cierto es que el color de la pequeña lengüeta de plástico que queda dentro del conector puede darnos una pista sobre sus características. No es un código de colores perfecto ni sirve para identificar cualquier USB que tengamos delante, pero en los conectores USB de tipo A —los grandes y rectangulares que llevamos utilizando desde hace años— puede resultar bastante útil.
La explicación está en la evolución del estándar USB. Desde que apareció, se han sucedido diferentes versiones con distintas velocidades de transferencia y capacidades. Para diferenciarlas visualmente, los fabricantes comenzaron a utilizar distintos colores en la lengüeta interior del conector.
Blanco: los más antiguos
Si la lengüeta interior es blanca, se asocia con USB 1.0 y USB 1.1. Son las primeras generaciones del estándar: su velocidad máxima de transferencia se sitúa en 12 Mbps, por lo que estaban pensadas para dispositivos y periféricos que no necesitaban mover grandes cantidades de información.
En aquella época tenía sentido utilizarlos para accesorios como un teclado o un ratón, donde la cantidad de datos que se transmite es muy pequeña. Evidentemente, no tiene mucho sentido utilizarlos hoy para copiar varios gigabytes de fotografías o vídeos. La diferencia respecto a los estándares actuales es enorme.
Negro: USB 2.0, todavía muy habitual
El siguiente color que podemos encontrar es el negro. En este caso hablamos habitualmente de USB 2.0; una generación mucho más rápida que la anterior, aunque actualmente también se considera antigua. Su velocidad máxima teórica de transferencia es de 480 Mbps y puede proporcionar hasta 2,5 W de potencia para alimentar otros dispositivos.
Y aquí encontramos una de las situaciones más habituales: conectar un dispositivo con un cable negro y comprobar que funciona, pero que la transferencia de archivos es bastante más lenta de lo esperado. Esto no significa que el dispositivo esté estropeado. Simplemente, el puerto puede estar limitando la velocidad de conexión. Por eso, cuando copiamos una gran cantidad de fotografías o vídeos, la diferencia entre USB 2.0 y las generaciones posteriores suele ser muy evidente.
Azul: alta velocidad
El azul es probablemente el color que más fácilmente asociamos con USB 3.0. Esta generación alcanza velocidades de transferencia de hasta 5 Gbps y puede proporcionar hasta 4,5 W de energía. Es el tipo de conexión que podemos encontrar en ordenadores y otros dispositivos pensados para trabajar con discos externos, memorias USB y periféricos que necesitan mover datos con mayor rapidez.
Turquesa: hasta 10 Gbps
Un color menos habitual es el turquesa. Tradicionalmente, se ha utilizado para identificar conexiones asociadas a USB 3.1 Gen 2 capaces de alcanzar hasta 10 Gbps de velocidad de transferencia. La diferencia se nota especialmente al trabajar con archivos pesados: copiar cientos de fotografías, vídeos en alta resolución o grandes proyectos puede ser mucho más rápido cuando tanto el ordenador como el almacenamiento externo son capaces de aprovechar esa velocidad.
Rojo o naranja: un puerto especial
También podemos encontrarnos con lengüetas de color rojo o naranja, que suelen utilizarse para identificar puertos rápidos o especiales y pueden aparecer asociadas a determinadas implementaciones de USB 3.2. También indica que el puerto permite seguir proporcionando energía incluso cuando el ordenador está en reposo, una función especialmente útil para cargar otros dispositivos.
Aquí es donde resulta especialmente importante no interpretar el color como una regla universal. Que un puerto sea rojo no significa automáticamente que todos los dispositivos que se conecten a él vayan a funcionar a una determinada velocidad. El fabricante puede utilizar el color para señalar una función concreta y, por eso, la documentación del ordenador o dispositivo sigue siendo la referencia más fiable.
Amarillo: Aunque apagues el ordenador, puede seguir cargando
El amarillo suele utilizarse para identificar un puerto “always on” o siempre activo. Es decir, un puerto que puede seguir suministrando energía aunque el ordenador esté suspendido o incluso apagado, siempre que el equipo esté diseñado para ello.
Es una función muy práctica para cargar un teléfono, unos auriculares o cualquier otro dispositivo sin necesidad de mantener el ordenador encendido.
Pero hay que tener en cuenta que el color amarillo no determina por sí mismo la velocidad de transferencia, y puede utilizar velocidades correspondientes a USB 2.0 o a USB 3.0 dependiendo del dispositivo concreto.
Y aquí llega la gran excepción: USB-C
Todo lo anterior resulta bastante útil cuando hablamos de USB-A, pero la situación cambia considerablemente con un cable USB-C, que se ha convertido en un estándar muy extendido y puede utilizarse para diferentes velocidades de transferencia, carga e, incluso, conexión de pantallas. Sin embargo, que dos cables tengan exactamente el mismo conector USB-C no significa que tengan las mismas prestaciones.
De hecho, este es uno de los motivos por los que USB-C resulta en ocasiones tan confuso. Un cable puede estar pensado principalmente para carga y ofrecer una velocidad de transferencia limitada, mientras que otro puede permitir velocidades de datos mucho mayores.
Por eso, en USB-C no deberíamos intentar averiguar las características del cable únicamente por su color. Hay que fijarse en las especificaciones del fabricante, los símbolos que aparecen en el propio cable o el embalaje y los estándares compatibles.




