Durante años, las audiencias de confirmación para embajadores han tomado muchos meses para agendarse, particularmente los nominados por Trump.
Rodríguez, cuya hoja de vida da cuenta de amplia experiencia —más de 40 años— en litigios multinacionales y en más de una decena de jurisdicciones, es el primer embajador “político” de EE. UU. en Guatemala desde hace varias décadas; ello es una clara muestra de la importancia que tiene el país para el presidente Trump.
Durante mucho tiempo, la posición de embajador había sido ocupada por funcionarios “de carrera” del Departamento de Estado, obedeciendo más a una línea que a intereses puntuales.
Así, Rodríguez viene con un mandato claro e inequívoco de la Casa Blanca, directamente.
La agenda es clara: lucha frontal contra la penetración del crimen organizado —particularmente el narcotráfico— en la institucionalidad guatemalteca, evitar la influencia de China en el país y evitar las causas de migración irregular. Todo ello apunta a un esfuerzo por fortalecer el rol de la iniciativa privada en la generación de oportunidades de la mano con el socio comercial más importante: EE. UU.
En dos meses, desde la nominación hasta su audiencia, Rodríguez enfentó esfuerzos para frenar —incluso, descarrilar— su confirmación. Agentes contrarios a la política de Trump intentaron mover cielo y tierra para que no fuese confirmado. Fracasaron.
El embajador Rodríguez asumirá en cuanto sea confirmado por el Senado y presente sus cartas credenciales ante el gobierno de Guatemala. Continuará el trabajo que encaminó el ex encargado de negocios, John Barrett.




