El panorama político hondureño se agitó este miércoles tras la destitución del fiscal general Johel Zelaya y la renuncia de la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Rebeca Ráquel. Ambos movimientos ocurrieron en medio de un ambiente de tensión en el Congreso Nacional, dominado por las fuerzas conservadoras.
Con 93 votos a favor, los diputados aprobaron la remoción de Zelaya, acusado de haber favorecido al partido Libertad y Refundación (Libre) durante el proceso electoral. La decisión se tomó apenas dos días después de que se abriera un juicio político en su contra. En su lugar fue nombrado Pablo Reyes, quien completará el mandato hasta 2029.

La sesión legislativa estuvo marcada por enfrentamientos verbales y físicos entre oficialistas y opositores. Diputados de Libre intentaron interrumpir el debate con pitos y gritos, mientras la seguridad del Congreso contuvo los intentos de llegar a la mesa principal.
En paralelo, la presidenta de la Corte Suprema, Rebeca Ráquel, presentó una carta de renuncia “irrevocable”, evitando así enfrentar un proceso de juicio político que ya se preparaba en su contra. Su salida refuerza la ofensiva parlamentaria de los partidos Nacional y Liberal, que buscan desplazar a figuras vinculadas al bloque opositor.
La destitución de Zelaya y la renuncia de Ráquel consolidan la reconfiguración del poder judicial y fiscal en Honduras, en un contexto de acusaciones de fraude electoral y creciente polarización política.




