El ayuno intermitente se ha popularizado como una alternativa para controlar el peso y modificar los hábitos alimentarios. No obstante, un nuevo ensayo clínico publicado en la revista científica Obesity aporta evidencia sobre sus alcances y limitaciones, especialmente en personas con alteraciones del metabolismo de la glucosa.
La investigación fue dirigida por la médica Daisy Duan, profesora adjunta de Medicina en la Universidad Johns Hopkins, y se desarrolló durante 12 semanas con 39 participantes de entre 18 y 69 años que tenían obesidad y prediabetes o diabetes tipo 2 controlada mediante la alimentación.
Los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos. Uno concentró sus comidas en una ventana de 10 horas al día, mientras que el otro distribuyó su alimentación durante un periodo de 16 horas. Los planes nutricionales fueron diseñados para mantener estable la ingesta calórica y permitir evaluar el efecto del horario de las comidas.
Al finalizar el ensayo, el grupo que siguió la ventana de alimentación más corta registró una pérdida mediana de peso del 2.7%, mientras que el grupo que comió durante un periodo más amplio perdió un 2.5%.
La diferencia fue reducida, lo que indica que restringir el horario de alimentación no generó una ventaja significativa en la pérdida de peso frente a la distribución convencional de las comidas.
Cambios en el hambre y los hábitos alimentarios
El estudio también evaluó las señales biológicas relacionadas con el apetito y el comportamiento alimentario. Para ello, los científicos analizaron muestras de sangre y utilizaron cuestionarios que permitieron examinar la sensación de hambre, el control frente a la comida y la tendencia a comer en respuesta al estrés.
Los resultados mostraron cambios favorables en algunos hábitos alimentarios en ambos grupos. Los participantes reportaron una mayor sensación de control sobre la alimentación y una menor vulnerabilidad frente al hambre.
Sin embargo, las mediciones de hormonas relacionadas con el apetito, como la grelina y la leptina, no mostraron diferencias relevantes entre los dos esquemas. Tampoco se identificaron beneficios adicionales generalizados en los indicadores de salud evaluados.
Según Duan, la alimentación restringida en el tiempo permitió que algunos participantes modificaran sus hábitos sin reducir deliberadamente las calorías, aunque no se encontraron ventajas particulares para la salud atribuibles únicamente a esta estrategia.
Una dieta equilibrada sigue siendo importante
Los participantes recibieron menús basados en una adaptación de la dieta DASH, un patrón alimentario que prioriza frutas, verduras y otros alimentos nutritivos, y limita el consumo de sal, azúcar y grasas poco saludables.
La investigación también tiene limitaciones: incluyó a 39 personas, la mayoría mujeres, y el seguimiento duró solo 12 semanas. Por ello, los resultados no permiten concluir que todos los adultos obtendrán los mismos efectos ni establecer los beneficios a largo plazo.
El equipo científico prevé estudiar si la restricción horaria puede ayudar a mantener la pérdida de peso conseguida mediante otros tratamientos, incluidos determinados medicamentos contra la obesidad.
Los hallazgos refuerzan la importancia de evaluar cada estrategia nutricional según las necesidades individuales. El ayuno intermitente puede ser una alternativa para algunas personas, pero no garantiza una pérdida de peso mayor ni sustituye una alimentación equilibrada y el seguimiento profesional, especialmente en quienes tienen diabetes u otras condiciones metabólicas.




